miércoles, 21 de abril de 2010

Galletas Oreo: Breve Ensayo

El mundo industrializado está lleno de productos alodos y paranoicos que contaminan enormemente al mismo tiempo que nos entretienen. Tenemos televisores planos tan avanzados que ya son capaces de pudrirnos el cerebro a la misma velocidad que nos queman las retinas y nos dejan ciegos. Conducimos coches que funcionan quemando los restos licuados de plantas y animales que vivieron hace miles de años.
Si, nos paseamos por ahí con nuestros vehículos alimentados por cadáveres de dinosaurio y tenemos una floreciente industria del porno, los videojuegos y las gafas de sol. En definitiva, la humanidad avanza, amigos, ¡avanza!

Y en lo alto de esta cúspide de la tecnología, se hayan las galletas Oreo, una especie de de residuo industrial reciclado, que no sabían si tirarlo al mar o vendérnoslo como comida. Para empezar no me creo lo que dice la caja de que la cosa esa de color antinaturalmente oscuro de la galleta esté hecha de chocolate. Si dijeran que está hecha de trozos de neumático desechado me lo creería, pero ¿de chocolate? Amos venga.

Sólo hay que meterse en la boca una mini-oreo, que parece que estés masticando carbón de barbacoa.E


sa mierda no puede ser buena. Seguro que tiene tanto colesterol que si le acercas un mechero lo más posible es que explote. Hacedme caso, la crema es lo único normal de esa puta galleta.

De todas formas, está claro que saben bien. Son un ejemplo de la única moraleja coherente de El Rey León (aparte de las ventajas de la vendetta personal): “Asqueroso, pero sabroso”. (El hakuna matata, vive y deja vivir es refutado una docena de veces a lo largo de la película).


En realidad no odio tanto a las Oreo como parece. Es sólo que se me acaba de romper la que me iba a comer cuando he intentado destaparla como en los anuncios. Si quieren que las destapemos, podrían hacer más blanda la crema esa del medio, que parece adhesivo químico, joder. Pero por mí comedlas, comedlas tranquilos.


...Aunque sean un plagio descarado de la tecnología de las galletas Príncipe, que son las mejores galletas de todas (aunque sean todavía más difíciles de destapar, si cabe...).

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