sábado, 14 de agosto de 2010

Hay demasiados eCristianos

Hoy, me he dado cuenta de que hay demasiados cristianos en Internet. Mirad, no soy racista, su existencia no sería un problema si los cristianos estuviesen calladitos o, como los neofascistas, se dedicaran a postear en los foros y en youtube, y poco más.
El problema es que los cristianos de Internet (eCristianos, como me gustaría que se les llamara a partir de ahora) tienen la desagradable costumbre de cagar en la red, constantemente produciendo toneladas de mierda que pasan a engrosar la enorme cantidad de ciberbasura que se ha ido acumulando durante años en Internet.

Parece que su hatajo de supersticiones les hace tan felices que no pueden resistirse a crear más y más páginas web para explicarnos por qué Jesús es bueno, por qué tenemos que ir todos a misa los domingos y por qué deberíamos enviar a centros de rehabilitación psicológica a los homosexuales, esos peligrosos enfermos mentales, ya que todo el mundo sabe que Jesús constantemente interrumpía sus sermones sobre la bondad y el amor al prójimo para atacar a, como él los llamaba, esos “maricones invertidos de mierda”.

Y eso, la verdad, a nosotros nos suda la poya, y está bien. En efecto, sabemos que un montón de viejos acuden a las Iglesias cada fin de semana para hablar (uno casi diría que para confabular contra la sociedad) de que con Franco se vivía mucho mejor, de que ser ordenado no es ser racista, y que las mujeres de hoy día son todas unas putas abortistas asesinas de niños, y nos da igual. Nos da igual porque las Iglesias son unos recintos cerrados e insonorizados donde se reúnen los más idiotas de entre nosotros para divertirse y entretenerse gracias a su lista de innumerables prejuicios. Ok. Acepto eso.
Lo acepto igual que acepto que haya mujeres que le guste vestirse de oficial de las SS, agarrar unos látigos y, con ayuda de un strap-on en forma de poya de plástico, violen analmente a algún desgraciado con máscara de látex.
Mientras yo no sea ése tipo al que están dando por culo, no tengo ningún problema con eso.

Lo que no puedo soportar es que luego salgan de ahí abran Internet Explorer (porque ninguno de ellos tiene Chrome o Firefox, ellos van con el Imperio), y hagan una página web para hablarnos del amor que Dios nos tiene a todos nosotros, porque luego, como me ha pasado, intentas buscar la fuente de una cita literaria (en mi caso, “también a mí me creó la bondad divina”, que creo que es un lema distinto a “Abandona toda esperanza” que Nietzsche proponía como lema en las Puertas del Infierno), y ¿qué es lo que te sale?

Mil putas páginas de tarados cristianos de los cojones. (Y no hay manera de configurar a google para que sea ateo).
Este es mi mensaje y reflexion final: Cristianos de mierda, salid de internet. Es nuestra, piraos. Saturáis la red.



Just the facts: Si buscas “God” en google salen 6 veces más resultados que si buscas “Porn”.

FUENTE: www.googlefight.com

jueves, 12 de agosto de 2010

La Edad Media 1: El ocaso de Roma

No soy científico ni historiador, pero sé más sobre la edad media que cualquier historiador vivo hoy en día. Los hombres de ciencia, con sus “verdades absolutas” y sus “razones fundamentadas en la observación empírica” nos dicen que la edad media es 33,35 años, el punto intermedio entre los 0 años y los 66,7 que forman la esperanza de vida mundial.

Pero yo creo que la cosa no acaba ahí. Yo creo, y voy a tratar de demostrar aquí, que la edad media fue un periodo de mil años en el que, según algunas voces (lo dice Daniel Jackson de Stargate-SG1) no se produjo ningún adelanto tecnológico.
Bueno, lo primero que hay que decir es que eso es mentira. Vale, es cierto que no es que fuese una época de esplendor cultural precisamente, pero hay que reconocer que los conocimientos de la noble ciencia de descalabrar a alguien se incrementaron exponencialmente durante aquellos años, podría decirse que casi protagonizaron ellos solos una auténtica revolución cultural. Por una gran cantidad de documentos históricos que conservamos (principalmente películas, libros de reglas de Dungeons&Dragons y el Assassin’s Creed) sabemos que era una época divertida donde todo el mundo creía en Dios, pero no porque fuesen, no, no, nada de eso, sino por evolución: Los que no creían en Dios iban siendo quemados en la hoguera y entonces, por pura selección natural, sólo sobrevivieron aquellos que eran más religiosos.

Mientras tanto, en algun momento alrededor del 1.000 DC:

¡Espera sentado! ¡Jajaja! Los humoristas de internet existiremos por siempre!

Pero no quiero hablaros tanto de la edad media en sí como de su origen, puesto que como os podéis imaginar, no se llama así no porque al preguntar a la gente del pasado sobre qué tal estuvo contestasen: “psé, no estuvo mal, pero tampoco fue como para echar cohetes”, sino porque básicamente engloba, al buen tuntún, todo aquello que sucedió desde que cayó el Imperio Romano (atención a cómo debía ser el escalón) hasta que los europeos nos volvimos suficientemente chulos como para considerarnos a nosotros mismos el puto futuro de la humanidad… o sea, cuando tuvimos pistolas y escopetas con las que volar la cabeza a gente más morena que nosotros y con espadas el doble de grandes.

Quizá algunos os preguntéis cómo pudo caer el Imperio Romano ante los Godos, los Hunos y finalmente ante ese atajo de apestados y leprosos que se hacían llamar Germanos. A mí también me sorprende. Una teoría que cobró mucha importancia durante bastante tiempo fue que los Romanos se habían vuelto unos mierdas por haber adoptado el cristianismo como religión. ¡Eso es ridículo porque…! Bueno, pensándolo bien, la verdad es que tiene bastante sentido, ya que jamás he visto un cura capaz de parar con sus propias manos a un jinete de caballería germánica lanzándose completamente enloquecido sobre él.

Sin embargo, mi teoría favorita es la que dice que los romanos murieron envenenados con plomo al haber tratado de inventar un vino sin alcohol (http://en.wikipedia.org/wiki/Decline_of_the_Roman_Empire#Role_of_lead_poisoning), y los otros básicamente caminaron por encima de los cadáveres y se inventaron toda la historia, añadiendo combates increíbles para no quedar como unos jodidos retrasados.
Otra teoría muy extendida (por los nazis, y no va en broma) es que el problema de todo era que los romanos dejaron de ser racistas, y eso de alguna manera los hizo más flojos, la solución hubiese sido que se volviesen más racistas… pero bueno, ¡eso es la solución de los nazis para todo!

Es cierto que una mitad del Imperio Romano (Imperio Romano de Oriente) sobrevivió a toda esta movida, renombrándose a sí mismo como Imperio Bizantino. Pero hay que decir que los bizantinos eran los frikis de Roma, los marginados sin amigos de los que todo el mundo se reía. ¿Qué hicieron, me preguntarás, cuando se vieron solos? Pues lo que harían todos los frikis: inflarse a ostias para dilucidar quién era más fuerte, si Hulk o Supermán (conflictos de los iconoclastas) y adoptar el klingon como lengua oficial (o el griego, que era su equivalente en aquél momento).
Pero, a pesar de todo, conservaban muchos conocimientos interesantes de la época dorada: Por ejemplo, mientras en Occidente la gente seguía ciegamente el platonismo (que encajaba perfectamente con el cristianismo, ya que tanto los cristianos como Platón creían en un mundo mágico secreto donde todo era bonito y había unas hadas que te chupaban la poya), en el Imperio Bizantino tenían libros de Aristóteles (cosa que nosotros no). De Aristóteles no supimos nada hasta el fin de la edad media, cuando los bizantinos que huían de los orcos (bueno, huían de los turcos, pero, seamos sinceros, ¿acaso hay muchas diferencias?) trajeron sus libros con ellos… y quizá muchos penséis que eso no tuvo mucha importancia, que fue pasar de creer ciegamente en un filósofo gordo griego a otro filósofo menos gordo y menos griego (porque era macedonio), pero ocurre que Aristóteles tenía en sus textos una idea peligrosa (de esas que hacen que te aten a un palo y te prendan fuego por debajo): que quizá el mundo mágico ese no era más que una abstracción, y que quizá los que creían que era un lugar diferente eran unos gilipoyas integrales.
…Que quizá debíamos dejar de pensar tanto en esas hadas mágicas que nos iban a chupar la poya cuando muriésemos, y comenzar a pensar en cómo hacer que nos chupen la poya HOY.

Y eso básicamente eso inició el Renacimiento, un mundo donde, como hoy, todo el mundo tiene más o menos posibilidades de que le chupen la poya.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Call of Duty: Modern Warfare (best moments)

A los Call of Duty les debemos mucho. Lo primero que les debemos es el conocimiento que tenemos todos de que recibir una ráfaga directa de una ametralladora AK47 a la cara no mata (siempre y cuando sea una ráfaga corta, claro).
En lugar de eso se te pone la visión borrosa y se te mancha todo de sangre, pero no tienes por qué escandalizarte, no es que vayas a morir ni nada. Con que te alejes unos metros, te pongas a cubierto y respires hondo, te recuperarás en cuestión de segundos. Es por eso por lo que se le ha llamado "el juego de guerra más realista de todos".

Eso es mucho más realista que, por ejemplo, el Gears of War, que cuando te disparaban y se te iba apareciendo poco a poco una especie de chapa roja en forma de calavera. ¡Chapas rojas en forma de calavera! ¡Pfff! ¡Falsísimo!

El Call of Duty Modern Warfare comenzaba con una escena en la que tú y otra panda de colgados vestidos de Psycho Mantis asaltábais un barco en mitad de la nada. Bueno, ellos lo asaltaban, y tú te dedicabas a mirar, porque esos cabrones eran más rápidos disparando que tú apuntando, y para cuando pulsabas el gatillo, el tio ya llevaba horas muerto, y tus compañeros te miraban desde lo lejos, diciéndote que te estabas retrasando, con una expresión (llevaban máscara, pero da igual, esa expresión es inconfundible) de condescendiente desprecio. Al final, el barco se hundía.

De este juego también recuerdo la larga intro que venía a continuación, donde el protagonista toma un taxi en Irak (que te dicen que es Feluchistán del Norte o no se qué mierdas, pero todos sabemos que es Irak), y pulses a donde pulses no puedes moverte a ningún lado, sólo girar la cabeza con el ratón, y al final te pegan un tiro. Esa escena está grabada en mi mente porque me sobrecogió en sobremanera... ¡Coño, creía que se me había jodido el teclado!

El resto, aparte de una prueba de carrera de obstáculos y práctica de tiro que suspendí por lo menos 10 veces, y que tardé otras 80 para llegar a obtener un tiempo del que no se rieran de mí y me tomaran por subnormal (¡Hijosdeputa, si fuese capaz de tener los reflejos y la velocidad de un Spec Ops me habría unido al ejército, no estaría jugando al Call of Duty! ¡Y si quisiera que me hiciesen sentir un pringao, no jugaría a los videojuegos, me conformaría con la vida real!), es para mí un cúmulo borroso de violencia sin sentido. Sólo recuerdo que explotó o hice explotar algún tipo de artefacto nuclear en el medio de una ciudad perdida en el culo del desierto, y morí.
Pero eso no me impidió seguir jugando con otro personaje y matar un montón más de seres humanos antes de que las letras de créditos diesen fin a esa prácticamente interminable matanza.

Gran parte del problema, creo yo, es que Call of Duty te hacia saltar constantemente de un personaje a otro, y como no puedes verte la cara, en ningún momento yo llegué a tener bien claro quien cojones era. Además, por si la confusión fuera poca, el juego hacia varios flashbacks, con lo cual (yo creo) trataba de convertirte en una descerebrada máquina de matar a la que no importase ni su nombre, ni donde ni en que año estaba, ni por qué estaba haciendo lo que hacía ni nada.

Un puto ser zombi de los videojuegos que le pusiesen una ametralladora en las manos y se dedicase a matar a todo lo que tenía por delante, la máquina de matar perfecta (casi tanto como un friki del WoW, que solamente le tienen que prometer un cacho de armadura con el que completar su Tier y entra en un estado de berseker que no hay quien lo pare). Todo es un plan del gobierno, yo lo supe siempre.

Y del Modern Warfare 2, en fin, ¿qué puedo decir?
...
No lo sé, idiota, por eso preguntaba.

¿Se supone que esto deberia escandalizarme o algo? ¡POR FAVOR!
¡Llevo follando putas en videojuegos para luego matarlas y quedarme de
nuevo con la pasta desde que sacaron el GTA3!

Le han criticado mucho al MW2 que haya una escena que matas personas inocentes en un aeropuerto, y tienen razón. Pero tendrían mucha más razón si dijesen la verdad: ¡Que no tienes elección!
Si, porque si disparas a los terroristas con los que estás aliado, se acaba la misión, y si disparas a nadie, te matan los guardias de seguridad.

Bueno, vale, nadie te obliga a matar a los niños, las mujeres y los pobres desgraciados que pasan por allí, pero... ¡la peña de Ubisoft te hacen caminar lento!

Y luego te dejan la siguiente elección: O no hacer nada e ir caminando a paso de tortuga y aburrirte, o abrir fuego contra la multitud de personas inocentes para entretenerte.
¡No jodamos! ¡Eso en mi pueblo es casi como obligar!

martes, 10 de agosto de 2010

LAS 10 NORMAS DEL FIESTERO (por el Capitán Johnson) y otros [COMICS]

LAS 10 NORMAS DEL FIESTERO
(por el Capitán Johnson)
LA AMENAZA DE "MÁSCARA VERDE"

sábado, 7 de agosto de 2010

Cuando la testosterona juega malas pasadas [COMIC]

(clic para agrandar)

El desembarco de Normandía

Playas de Normandía, 6 de junio de 1944. Dia D, hora H:


Cuando las barcazas de los ejércitos norteamericano y británico desplegaron sus puertas, fueron recibidos por hordas de vikingos enloquecidos, que blandían enormes hachas y gritaban enloquecidos en el nombre de Odín.
Los aliados abrieron fuego de inmediato, pero las defensas de los vikingos aguantaban bien, avanzando sin descanso y rebanando cabezas con sus hachas a dos manos. Por fin, a medida que más y más barcazas iba llegando, los americanos obtuvieron el empuje suficiente para tomar parte de la playa y establecer un cuartel general avanzado.

-La cosa no va bien, coronel Johnson – le comunicó un teniente– Nuestras tropas no paran de llegar, pero los vikingos nazis todavía resisten. Quiza… no podamos tomar la playa.
La mirada furibunda del coronel hizo callar a su subordinado.
-¡Tomaremos la playa, antes o después, mientras sigan llegando barcazas con soldados! – bramó, aunque su confianza se quebró un poco al ver cómo un nuevo batallón de sus hombres caía a manos de la gigantesca espada mandoble de un inmenso guerrero rubio con cota de malla – Si no desembarcamos hoy, Europa está perdida. No hay opción, y no podemos huir. Tenemos que tomar la playa.

-¡Coronel! ¡Coronel! – se acercó gritando un soldado – ¡Las cosas se complican! ¡Nuestras barcazas se están hundiendo!
-¿¡Q-qué!?
El soldado jadeo, porque venía corriendo desde la otra punta del campamento, y señaló un punto en el mapa que el Coronel había tendido sobre la mesa.
-Un destacamento de drakkars de guerra ha salido de una gruta oculta en el lateral de la playa y se aproxima al flanco de nuestro grupo de transportes anfibios. Van a cortar nuestros refuerzos.
-¿De qué armamento disponen los drakkars? – preguntó el coronel, luchando por mantener la calma frente a sus hombres.
-Van llenos de vikingos fiesteros que agitan sus jarras de cerveza y cantan canciones de borrachos…

El coronel sonrió. Era momento de usar su arma secreta.
-¡Operador de radio, póngame en contacto con el Alto Mando! – ordenó al soldado encargado del transmisor – Y dígales que es hora de utilizar el bombardeo “aguafiestas”.
Instantes después, un escuadrón de bombarderos desplazados de los portaaviones del Pacífico sobrevolaba los drakkars enemigos, dejando caer su mortal carga: toneladas y toneladas de litros de agua.
-P-pero señor… ¿eso no enfurecerá mucho más a los vikingos? – preguntó el teniente, observándolo todo desde el cuartel de campo de la playa de Normandía. - ¡Ahora nos atacarán con más fuerzas!
-Siga observando y dígame qué es lo que sucede – respondió el coronel, con voz de hierro.
-P-parece que… ¡Imposible! ¡Se pelean entre ellos! ¡A guantazos! ¡Se están hundiendo los barcos ellos mismos!

Pero todo esto también era observado por el comandante de las defensas nazis.
-¡Mierden! ¡Mi ataquen, inutilizaden!– exclamó, golpeando la mesa con el puño. Su sirviente personal, un tullido jorobado llamado Brutus, corrió a esconderse tras la puerta. Se giró hacia su segundo de mando– ¡Liberen la bestien!
-¿E-está seguren?
El comandante nazi le fulminó con la mirada, como respuesta.

Pocos momentos después, el complejo de ametralladoras de la playa de Normandía se abría en dos, para dejar salir de las profundidades de la tierra la última creación de guerra de los alemanes. Los aliados no podían creer lo que veían sus ojos. Era un dragon gigantesco con cuernos de los que colgaban calaveras, que parecía salido de la portada de un disco de heavy metal.
El cuartel de los aliados en la playa restaba completamente consternado ante la visión de tal criatura, un ser que no debería existir. El coronel fue el único que rompió el silencio.
-¡Rápido! ¡Rápido! ¡Que desplieguen el comando Dungeons&Dragons de paracaidistas de la U.S. Air Force! ¡Es nuestra única esperanza!

Pero la infernal criatura fue más rápida, y lanzó una llamarada a los roleros que descendían en paracaídas, que se precipitaron hacia el suelo, consumidos en una bola de fuego. Con el dragón, los vikingos nazis eran los reyes del cielo.
Súbitamente, sin embargo, notaron algo extraño. El humo parecía disiparse en el suelo, y de su interior salió un comando completo de paladines, con sus plateadas armaduras de doscientos kilos y sus espadas y escudos sagrados (eran paladines de Ishtar).
De inmediato cargaron contra los vikingos cercanos, mientras sus camaradas huían aterrados. La columna nazi se desintegraba, presa del miedo.
-¿C-cómo es posible? – preguntó, completamente desconcertado, el teniente. Se giró hacia su comandante, el coronel Johnson, que se apoyaba muy maltrecho en la mesa del cuartel.
Se había quitado varios puntos de vida para obtener suficiente maná de montaña, y tenía en su mano, sosteniéndola victoriosamente, una carta de Magic.
- Círculo de protección – fue lo único que dijo, con una sonrisa en los labios – Previene todo daño que provenga de una fuente roja.

viernes, 6 de agosto de 2010

Ratatouille: una peli sobre masturbación

Hace unos días tuve una pequeña discusión sobre Ratatouille, en la que yo defendía que esa película no tenía trasfondo ni mensaje interno… pero tras ver la peli tres veces para reafirmar mi posición, voy a reconocer una cosa: YO ESTABA EQUIVOCADO.
Ratatouille SÍ TIENE un mensaje… es una película que trata sobre la masturbación. Y todo lo demás es una metáfora, pura licencia poética.

La película trata sobre un placer (la cocina), pero que tiene un elemento impuro, por lo que no debe ser practicado. Nunca se nos dice por qué una rata no debe cocinar, es un tabú extraño que el protagonista no comprende, exactamente como el niño es incapaz de entender por qué sus padres le dicen que tocarse el pito es malo.
Precisamente ahí cobra importancia la figura del padre, el Gran Prohibidor, que se dedica a exigir cumplimiento a una serie normas arbitrarias, el código moral de las ratas, que se resumen en alimentarse de comida robada, es decir, que la única forma correcta de disfrutar de la sexualidad es de manera indirecta, no cocinando directamente como hacen los humanos (que son corruptos, y quienes se acercan a ellos acaban muertos), sino acudiendo a las migajas, al robo.
El padre intenta enseñar al niño que tocarse el pito es malo, una relación sexo = malo, que que es irracional para la inteligencia libre de prejuicios del niño. Él, que no quiere negarse a sí mismo el placer de la comida (la masturbación), sigue haciéndolo, pero en secreto.
Ahí está el hermano (desde el punto de vista de las ratas, el hijo perfecto), la voz del sentido común, intentándole hacer entrar en razón: ¿No puede abandonar ese hábito tabú y disfrutar de la sexualidad de manera indirecta como corresponde a una rata… o a un humano adolescente?

Las caras les delatan, no me digáis que no.
Pajilleros 100%

Creo que también es importante destacar que la rata protagonista no es una rata cualquiera. No es una sucia y podrida rata de ciudad, sino una rata campestre, que vive rodeada de pureza en un ambiente sano, un ambiente que esa corrupción interior que le consume (el secreto, la masturbación) le hace abandonar.
Así pues, el protagonista de Ratatouille tiene un trauma relacionado con el sexo, y cuando se separa de la familia (Se separa… ¿o les abandona? Porque él, al contrario que los demás miembros de su familia, mientras todos marchan, se retrasa porque no puede vivir sin el libro de cocina, la revista erótica, la fuente de la masturbación). Remy se queda sólo.

Esto es por lo que, más tarde, abocado a la ciudad, al mundo exterior, la rata protagonista crea un avatar, un alter ego para dar rienda libre a su sexo (Linguini). Alguien que es él, pero que a la vez no es él, por lo que sí que puede cocinar sin infringir en culpa moral.
Porque, asumámoslo, Linguini y Remy (la rata) son la misma persona. Linguini es una máscara creada por Remy, ya que éste es incapaz de cargar con la culpa que supone estar disfrutando del placer de “cocinar”.
Por ese motivo, la personalidad de Linguini desaparece completamente cuando el secreto es revelado al crítico, Mr. Ego, y se convierte en un personaje secundario, sin importancia. Ya no es necesario.

Pero ocurre que el crítico no debería llamarse Ego, sino Superego (superyo freudiano), porque es realmente lo que es: la interiorización por parte del individuo de las normas (o lo que cree él que son las normas), para protegerse y estar a salvo del reproche del padre (el mayor dolor para un niño). Mr. Ego es otra creación mental de Remy, para hacerle ser bueno, por miedo, y así protegerle del rechazo y la repulsa social del exterior.
El momento definitivo de la película es cuando, por fin, se revela a Mr. Ego que Linguini es en realidad Remy, que la “culpa” de lo que hace Linguini es, en realidad, de Remy. Parece que esa revelación del secreto más grande destruirá definitivamente a todos… pero no lo hace. Porque el trauma, como indica Freud, no se cura solucionándose, sino confesándose.
El trauma es algo secreto, tabú, que destruye desde el interior, y la única manera de “curarlo” es hacerlo salir al exterior, hacer que el paciente reconozca que odia a su padre y ama sexualmente a su madre (síndrome de Edipo), etc.
Por tanto, cuando el secreto es revelado, su importancia simplemente se disuelve. Hay un proceso de catarsis (purificación) ahí: Remy se acepta a sí mismo como es, como un pecador frente a la ley del padre, se admite a sí mismo como un cocinero, como un Masturbador. Y como Mr. Ego es también Remy, él también desaparece igual que Linguini. Por fin Remy tiene una personalidad sana.
Con esas manos, si, con esas manos.
Tiene hasta callos en ellas el muy hijodeputa.

Y así la película concluye con el mensaje de que tenemos que aceptarnos a nosotros mismos como un hatajo de pajilleros, porque como dice Gusteau, todos nos hacemos pajas. Todos. Yo, tú, tu novia, tu hermana y tu madre. Pajilleros perdidos todos.
Si no ¿por qué os creéis que se venden tantas películas porno, y que el crecimiento de Intener se multiplica exponencialmente?

Y ahora, por favor, cierra esta web si vas a hacer eso. Es asqueroso.