Para corregir a Einstein, ahora hay tres cosas infinitas en el universo: el espacio, la estupidez humana y mi habilidad para ofender a diversos colectivos al mismo tiempo.
sábado, 17 de julio de 2010
La Cita Hentai de Spiderman [COMIC]
Para corregir a Einstein, ahora hay tres cosas infinitas en el universo: el espacio, la estupidez humana y mi habilidad para ofender a diversos colectivos al mismo tiempo.
jueves, 15 de julio de 2010
La Odisea, parte 7
Ulises y los suyos (los que quedan vivos), se marchan de la isla de Circe, tras librarse del conjuro mágico que les convirtió en cerdos (aunque viendo el estado como lo dejaron todo, uno podría dudarlo). Logran llegar hasta Cimmeria, el hogar de Conan.
CANTO XI
La visita de Ulises a Cimmeria no es más que un sucio truco publicitario de Homero para promocionar la Ilíada. En realidad, el canto onceavo es un jodido capítulo recopilatorio en el que, tras sacrificar unas cabras, se le aparecen a Ulises unos zombies de la gente que murió en Troya y básicamente le interpretan un tráiler del otro libro.
Aparte, y como dato anecdótico. ¿Alguien sabe dónde está Cimeria? Pues justo entre Rusia y Ucrania, señores. Eso quiere decir que, de alguna manera, los muy subnormales de los griegos habían estado navengando (a no ser que el barco volara o que decidiesen hacerlo ir por tierra, arrastrándolo lentamente por el suelo con los remos… cosa que sin duda explicaría por qué narices tardaron tanto) en DIRECCIÓN CONTRARIA:
CANTO XII y XII
En este capítulo, vemos cómo Ulises se enfrenta valerosamente a las casi inofensivas sirenas, que tenían una trampa bastante chapucera para captar a los incautos: cantaban canciones prometiendo sexo desenfrenado a todos los que pasaban, y cuando estos se acercaban, las rocas que habían hacían hundir al barco, las sirenas se partían el culo de risa y lo colgaban todo en Youtube.
Eso, y no solo la ausencia de las "oportunas" conchas sobre los pechos de Ariel es lo que hace que la versión del DVD de La Sirenita con las escenas eliminadas sea para +18.Habiendo Ulises visto ya todos estos vídeos de bromas a través del iPhone, ordenó a los marineros que se pusiesen tapones de cera en los oídos. Él, en cambio, se ató a lo alto del mástil y se puso a escuchar, por si acaso entre las guarradas le decían el sentido de la vida. De esta manera, las sirenas fueron pwneadas seriamente, aunque lo hubiesen sido más si alguien hubiese llegado hasta ellas y les hubiese exigido sexo… porque o yo no sé muchas matemáticas o a mí me suena que una mujer con cola de pez en vez de piernas no puede tener vagina.
Por eso, Ulises tiene el (dudoso) honor de haber sido el único en escuchar el canto de las sirenas sin volverse completamente loco.
Y según nos explicó, su mensaje era algo así como: NIIIIIINOOOO-NIIIINOOOOOO...La alegría no duró mucho, porque en la primera isla que pararon para celebrar que habían sobrevivido mataron a unas vacas que no eran suyas y como castigo Zeus lanzó un rayo y mató a todos excepto a Ulises, demostrando una vez más que navegar por el mar tiene las mismas reglas que viajar en el tiempo: No hagas nada, no toques nada, no cambies nada.
La única diferencia es que puedes practicar sexo tanto como quieras. A veces hasta con mujeres.
Flipando por este enorme agujero de guión, y navegando sobre una madera rota a modo de tabla de surf, Ulises logra llegar a la isla de la isla Calipso, dando así por acabado el FLASHBACK que estaba contando en el banquete de los feacios (aquellos tipos que estaban con Nausica, ¿recordais?), que ha ocupado más o menos la puta mitad del tiempo.
¿Y sabéis por qué? Porque la isla de los feacios está como a cinco minutos a pata de Ítaca. Si hubiese ido de inmediato, este libro habría sido un panfleto de dos páginas, con un número de frases similar al de las Tablas de la Ley de Moisés, y Homero hubiese muerto de hambre.
Y al llegar a su hogar, Ulises se disfrazó de mendigo, con la ayuda de Atenea para que no le reconociesen (aunque tras veinte años de vagabundeo, escorbuto, malnutrición y mil penurias, el milagro hubiese sido que la diosa disfrazase a un mendigo para que se pareciese a Ulises).
Por qué se disfrazó de mendigo en vez de decir: "¡Hey! ¡Estoy de vuelta, soy el rey!" es un enigma histórico. Es decir, una de esas cosas que los historiadores y helenólogos quieren hacernos creer que saben, pero de lo que en realidad no tienen ni puta idea.
Más sobre el (completamente absurdo) regreso de Ulises a Ítaca, mañana.
domingo, 11 de julio de 2010
La Odisea, parte 6
Ulises y sus hombres viajan por el mar al estilo vikingo, es decir, cargándose, violando y quemando todo lo que se van encontrando. Más tarde son capturados por Polifemo, un cíclope gigantesco, pero logran derrotarle…
Y fue más dificil de lo que parece...
CANTO X
Ulises y los suyos (al menos aquellos que aún siguen vivos) llegan a una nuevo lugar misterioso, donde vive Eolo, el Señor de los Vientos (si, digamos que su isla no huele muy bien), que, al contrario que la mayoría de los seres mágicos que andan por ahí (orcos, elfos…), es bastante simpático, y le regala a Ulises una bolsa donde están contenidos todos los vientos, como souvenir.
Además, Ulises le pide que le envíe un viento favorable para ir hacia Ítaca.
-Vale – dice Eolo- tírame del dedo.
Al regresar a su nave, Ulises le pasa a su segundo de abordo la bolsa de los vientos.
-Toma, guarda esto con tu puta vida.
-¿Qué es? ¿Oro? – dice el puto tipo, abriendo la bolsa. Eso libera todos los vientos, que produce un huracán que sale todo el mundo volando, perdiendo el rumbo y haciendo quedar a los griegos como unos putos gilipoyas incapaces de manipular artefactos peligrosos.
Ahora es casi imposible regresar a Ítaca (porque ya no saben por dónde cae), pero no importa, ya que muchos de la tripulación hayan un nuevo hogar: el estómago de los Lestrigones, unos gigantes devoradores de hombres (joder, aquí todo el puto mundo come personas!) que se zampan a todos los que pueden.
Huyendo, los griegos acaban llegando a la isla de la bruja Circe (una de esas brujas modernas con tetas grandes, vestido de gótica salida y cuerpo de pornstar eh, no de las de escoba y nariz con grano). Circe les ofrece a todos un banquete envenenado que les convierte mágicamente en cerdos (Obviamente no se lo dice así, claro. Les dice que el banquete es sano. Después de tantos peligros los griegos tenían hambre… pero no tanta, coño).
Aunque la presentación del vino les podría haber hecho sospechar.
Sin embargo, Ulises no prueba bocado y se salva. Algunos dicen que fue porque Hermes le avisó y le dio una hierba especial para ver el engaño, pero yo no lo creo. Dadas sus abundantes experiencias con prostitutas, estoy bastante seguro de que sabía muy bien que beber cosas que te ofrecen tías en corsé que enseñan las tetas es la forma más probable de acabar despertándote al día siguiente dentro del contenedor de helados de un motel de carretera, con una extraña incisión en el costado y sin riñones.
Habiendo descubierto esto, Ulises ejecuta una patada giratoria sobre la cabeza de Circe, dejándola inconsciente. Eso hizo que sus hombres regresaran a su forma habitual (la de horrendamente mutilados marineros), y además la enamoró para siempre (oh chico, no sé que tienen esas patadas giratorias pero…).
Como no tienen prisa ninguna (total, llevan como quince putos años o así fuera de casa, seguramente ya nadie se acuerda ni de su cara, no les va de un poco más), gastan un año entero en la isla de Circe, emborrachándose y comiendo hasta hartarse. Ulises, como agradecimiento, le hace tres hijos a Circe (si, tres hijos en un solo año, era un puto conejo).
Y luego, un buen día, Ulises bosteza y dice: “Bueno que se ha hecho tarde. Adiós, puta”, y se larga.
¿Su destino? Cimmeria.
Y no, no es broma.
viernes, 9 de julio de 2010
La Odisea, parte 5
Ulises llega a la isla de Esqueria gracias a una toalla mágica (?). Allí fue atendido por Nausica y los feacios, una banda ochentera de glam rock. Como agradecimiento por su hospitalidad, Ulises les explica sus aventuras más recientes. Así, como quien no quiere la cosa…
CANTO OCHO & NUEVE
“Si, Rey Alcino”, dijo Ulises mientras firmaba autógrafos, “yo soy Ulises, el del caballo de Troya, que va con túnica divertida y tiene mil metros de p…!”. Y acto seguido se bajó los pant… euh… se rasgó la túnica.
“Cuéntanos entonces qué pasó cuando saliste de Troya para regresar a tu hogar”, le pidió Alcino, “y tápate, desgraciado”.
“Pues lo primero fuimos a Ismara, una ciudad de los cicones, ahí por Tracia. Les colmamos de regalos y bendiciones antes de proseguir nuestro camino”, dice Ulises.
Es decir, que fueron ahí por sorpresa, mataron a todos los hombres, violaron a las mujeres, lo saquearon todo y quemaron las casas. Se fueron por patas, corriendo como niñas, después, cuando los tracios se organizaron y enviaron refuerzos contra ellos.
Más tarde, con sus nulas dotes de navegación características, fueron a parar a la tierra de los lotófagos, unos yonkis muy tarados que sólo se alimentaban de drogas chungas y adoraban a Bob Marley. Varios marineros de Ulises quedaron muy colgados del loto y comenzaron a expandir diversas ideas subversivas entre el resto de la tripulación… que había que tomarse la vida con calma, que vivían todos en Babilonia y que eso de que las drogas producen ceguera no es más que un rumor, pero que donde están mis gafas. Eso decían.
Por supuesto, Ulises los sometió de inmediato a un programa de desintoxicación… El programa de desintoxicación más antiguo y efectivo de la historia de la humanidad: infló a ostias a todos esos fumadores de hierbas, le despellejó las pelotas a uno con un cuchillo y le dijo a los demás que si no querían ser los siguientes, ya estaban subiendo al puto barco y dejándose de gilipoyeces.
Polifemo encerró a los griegos en una cueva donde él vivía (eh tio, qué pasa!? las cosas no son fáciles cuando eres un disminuido visual, ni aunque midas veinte putos metros de altura) para ir comiéndoselos poco a poco (¿Quién puede resistirse a esos griegos, ricos y deliciosos griegos?). Después de hincharse a comer hombres, se bebía una jarra gigante de vino y luego se jalaba otro montón de humanos. Vaya, que vivía bien el puto cíclope.
Entonces, Ulises abrió el Inventario y le dio a USAR, LOTO, en JARRA DE VINO. Luego DAR, JARRA DE VINO CON LOTO a POLIFEMO. (tuvo que hacer 17 intentos para averiguar eso, durante lo cual murieron 455 de sus hombres).
“Este… don Polifemo, seguro que tiene mucha sed, ¿no querrá un trago más de vino?”, dijo Ulises al gigante. El tipo se bebió la jarra y se quedó frito.
Los griegos, con su mala leche habitual, aprovecharon que el cíclope dormía para afilar un tronco de madera que había por ahí tirado (Polifemo no era muy ordenado, que digamos) y se lo clavaron en el ojo. Hijos de la gran puta.
Polifemo, claro, pegó un grito de dolor en plan Mike Jagger que despertó a todos los demás cíclopes de la isla, que acudieron de inmediato a ver qué pasaba. Nadie le toca los huevos a un hermano ciclope. Ciclopes 4 life, man.
Pero Ulises había sido muy inteligente (o completamente irracional, según se mire) presentándose a sí mismo como “Nadie” ante el cíclope, lo cual, en una de las más bizarras carambolas lingüísticas en la historia de la incomunicación, produjo la siguiente escena:
“Polifemo, ¿te pasa algo?”
“¡Nadie está intentando matarme! ¡Nadie me ha dejado ciego!”
“Euh… bueno pues nos vamos... y, este… ya me pasarás la dirección de tu camello”.
Gracias a la ceguera de Polifemo (y a la alarmante falta de curiosidad y perspicacia del resto de cíclopes), los griegos pudieron escapar y regresaron a su barco. Y además, resulta que Polifemo era hijo de Poseidón. Por esto es que mucho más tarde, al salir de la isla de Calipso, el Dios del Mar atacaría a Ulises y le hundiría el barco.
Yo simplemente pensé que Poseidón… no sé. Que simplemente estaba loco.
El caso es que así derrotaron al cíclope.
Oh… ¡pero aún quedan muchas aventuras de Odiseo y su tripulación de locos por el surf por explicar!
jueves, 8 de julio de 2010
martes, 6 de julio de 2010
La Odisea, parte 4
Telémaco protagoniza el 90% del puto libro, viajando por todos lados y realizando todas las hazañas. Ulises se dedica únicamente a vivir en la isla del placer infinito de Calipso. Pero las cosas van a cambiar pronto… ¡o al menos eso espero!
Porque, de momento, todo ha consistido en contarnos la historia de gente que poco o nada tiene que ver con lo que está sucediendo, como si Homero estuviese en realidad haciendo publicidad subliminal de sus otras obras… Hmmm…
CANTO QUINTO
Zeus envía a Hermes a la isla de Calipso para que esta libere a Ulises, porque no todo era felicidad en sexolandia. En este momento, descubrimos que Calipso es una de esas locas neuróticas que leen libros de autoayuda y tratan de controlar todos los aspectos de tu vida, ¡todos! ¡No te dejan respirar! ¡Somos seres humanos! Euh… Ehem... ¿Por dónde íbamos?
Si, bueno. El caso es que Calipso deja salir a Ulises después de que éste rechazase su oferta de convertirse en inmortal y reconociese que en realidad nunca la había amado, ni le había caído bien, que estaba gorda, loca, y que ya la podían ir dando, so puta.... Un final mil veces mejor que el de Perdidos, ¿no creéis?
Pero en cuanto abandona la isla, Poseidón ataca su barco (bueno, hoy en día a cualquier cosa se le llama barco… era más bien una balsa cutre que había construido con valiosísimos jarrones, muebles y otras antigüedades robadas del palacio de Calipso) y lo hunde.
Ulises queda flotando ahí a la deriva, agarrado a unas maderas, y la diosa Ino le regala… una toalla mágica (supongo que el día que escribió esto, a Homero le había dado especialmente el Sol en la cabeza).
Gracias a la toalla (que incrementa en más de treinta puntos la habilidad de “Natación” de la ficha de personaje de Ulises), nuestro “héroe” (lo pongo entre comillas ya que de momento lo único que este tío ha hecho ha sido aprovecharse de mujeres solitarias y dedicarse a naufragar en cada barco al que se monta, y yo si no ha matado al menos a un orco o algo igualmente grande y apestoso no lo considero digno de llamarse héroe) es capaz de llegar a la isla de Esqueria (¡islas, islas! ¡Todo son islas con nombres ridículos en esta mierda! ¡Puta Grecia!).
CANTOS SEXTO&SÉPTIMOOdiseo despierta casi inconsciente en una playa de Esqueria. Frente a él está la princesa Náusicaa, una solterona incapaz de encontrar marido, (… porque su nombre proviene de lo nauseabunda que es, y además digamos que su pueblo, los feacios, no se llaman así por casualidad). Vaya, que si hubiesen tenido un buen arquitecto diseñador en la isla haría ya mucho que la habrían encerrado en un laberinto.
La princesa, que no está acostumbrada a ver hombres (al menos que no estén encadenados de pies y manos y pidan piedad a gritos), se lo lleva al palacio, donde le presentan al rey Alcino. Ulises le explica brevemente al rey las causas de su reciente naufragio (acompañado de una útil moraleja sobre por qué juguetear con un sacacorchos afilado en la madera de un barco no es tan buena idea como parece).
“Y ya que hablamos de esto”, interrumpe Alcino, “¿Te interesaría casarte con mi hija?”
“¿Eh…? ¡No!”, responde rápidamente Ulises, “Sinceramente, tu hija es uno de los seres más horrendos que he visto en mis viajes. De hecho, aún guardo serias dudas de que sea hija tuya y no una encarnación del Gran Cthulhu, creada para aterrorizar a los mortales. Pero aceptaré gustoso unos cuantos barcos para regresar a Ítaca”.
Alcino acepta, en gran parte porque, por muy rey que sea, no deja de ser un pringado con nombre de árbol, y ya puede ser el Barón Naranjo o el Emperador Almendro, que alguien así no puede negarse a nada que le pida un héroe griego.
Como agradecimiento, Ulises comienza un flashback en el que explica su historia desde que salió de Troya…
jueves, 1 de julio de 2010
La Odisea, parte 3
Telémaco viaja hasta Pilos para averiguar más sobre el paradero de su padre, Ulises, rey de Ítaca. Pero allí no saben nada. No sé por qué maldita razón creyó él que sí. Pero al menos consigue un aliado: Pisístrato, un guerrero con problemas de incontinencia urinaria. Juntos, parten hacia Esparta.
... Y ahora, la continuación:
CANTO CUARTERSTelémaco y Pisístrato llegan a Esparta, donde se está celebrando la boda de Hermione, la hija de Menelao, que se casa con Harry Potter… bueno, no, con Neoptolemo, hijo de Aquiles. Como es el día de la boda de su hija, pueden pedirle un favor a Menelao, y este no se lo podrá negar.
Le preguntan sobre el paradero de Ulises.
(Personalmente yo hubiese pedido una noche con su esposa Helena, la más bella de las mujeres, pero considerando que la última infidelidad de ésta se saldó en la muerte del 50% de la población de la Tierra… fueron bastante listos).
Le dicen que no saben nada de Ulises, porque ellos también se extraviaron en barco al salir de Troya (WTF!? Worst GPS ever!) y llegaron a Egipto, donde durante 8 años lucharon contra los zombis, las momias y otras fuerzas del mal (en serio). Pero, para consolar a Telémaco, le cuentan las grandes hazañas que hizo en la guerra de Troya.
“Yo recuerdo aquella vez que se disfrazó de mendigo para colarse en Troya”, dice Menelao.
“Oh, si, ya lo creo! Era un auténtico mendigo!”, contesta Helena, “le eché limosna y todo.”
“Uhm, vale, está bien.”, dice Telémaco.
“No, no, estaba más que bien. Era como si su verdadero lugar en el universo fuera el ser un mendigo!”, sigue Menelao, “qué magnífica forma de humillarse, irradiaba pobreza!”
“HE DICHO QUE ESTÁ BIEN. GRACIAS”, exclama finalmente el hijo de Ulises, “Si no sabéis nada más, me voy”.
“Espera, joven príncipe de Ítaca”, le dice Menelao, “que ahora que me acuerdo, cuando estaba en Egipto me enfrenté al profeta Proteo, que sabía el paradero de todos los perdidos en el mar. Tuvimos que obligarle a decírnoslo. Fue una durísima batalla: primero nos atacó en forma de león, luego en forma de dragón, luego en forma de jabalí salvaje…”
Los que escuchan asienten con admiración.
“Pero eso no era nada, porque luego nos atacó, atención, en forma de riachuelo y en forma de árbol gigante!!”.
“… Eso no parece muy peligroso”.
“Bueno… e-era un árbol realmente alto!”, añade Menelao, dudando ahora un poco del interés real de su historia, “Y me dijo que Ulises estaba preso en la isla de la ninfa Calipso”.
“… ¿Y por qué no me lo has dicho antes?”
“Me hacía el interesante”, responde Menelao
“Me parece bien… peaso de gilipoyas”, dice Telémaco, apagándole el cigarro a Menelao en el cubata y marchándose de allí “Putos espartanos...”
Por fin, Telémaco ha averiguado el paradero de su padre perdido y se dirige hacia allá. Pero cuidado, porque los pretendientes de Penélope, en Ítaca, averiguan esto y van en su búsqueda para detenerle y matarle. ¿Encontrarán estos cabrones a Telémaco antes de que éste halle a su padre…? Tendremos que esperar para saberlo...
Pero conociendo a estos putos griegos, que parece que no saben navegar ni nada, que a la mínima que cogen un barco lo hunden o se pierden, para mí que acabarán en Can Poya.




